Pecar de exceso de confianza: cómo nos afecta y evitar que ocurra

El exceso de confianza en tus posibilidades puede afectar a tu rendimiento tanto cómo no tener confianza en ti mismo. Solemos temer la pérdida de autoconfianza, pero una autoconfianza demasiado elevada puede traer consecuencias desastrosas en tu actuación deportiva.

“Pecar de exceso de confianza”. Esta sencilla frase suele aplicarse a multitud de situaciones en la que el resultado es del todo inesperado: El equipo favorito pierde estrepitosamente; el deportista mejor situado en el ranking cae ante un rival anónimo; la joven promesa se desvanece ante la aparición de otro competidor con el que pocos contaban…

Seguro que a todos nos vienen a la mente nombres para ilustrar estos ejemplos en los que presuntamente un exceso de confianza precedió al desastre. Normalmente en el mundo del deporte de competición tememos la pérdida de confianza en nosotros mismos o en el grupo, pero algo para lo que no solemos estar preparados y que no entendemos muy bien cómo funciona es el polo inverso de esta dimensión: creérselo en exceso.

Una autoconfianza “hipertrofiada”  puede darse cuando un deportista no ha asimilado bien éxitos pasados y ha seguido avanzando sin analizar que la preparación que le llevó a ese triunfo puede ser del todo insuficiente en retos futuros. Estos retos quizás sean mayores y más exigentes o simplemente que te rodeen otras circunstancias. Por desgracia esta “linealidad” no suele cumplirse en el mundo de la competición, que por el contrario suele plantear una cuesta arriba sin fin en la que continuamente debes estar mejorando.

Este exceso de confianza puede tratarse también de un fachada, un intento de evitar pensar en las dificultades de la competición de élite, de evitar pensar en el fracasos. Si un deportista no piensa en el fracaso, si no teme hacerlo mal, le faltará una fuente de motivación y energía para su entrenamiento diario. Con esto no quiero decir que el miedo sea necesario para el deportista, simplemente que un deportista que piensa que el fracaso puede ocurrir, está analizando la competición de una manera realista, solo hay que canalizar estas emociones para convertirlas en energía.

El entorno de un deportista puede ser la mayor fuente de falsa autoconfianza. El alago indiscriminado no solo debilita al deportista, también genera una fuerte sensación de descontrol ya que si tienes un mal rendimiento y te están trasmitiendo el mensaje de que lo has hecho fenomenal y que la culpa es de “otros” te están impidiendo procesar un análisis personal de tu actuación. Sin autocritica no hay mejora.

Una vez se ha “inflado” esta autoconfianza se perpetuará y afectará a nuestro entrenamiento y nuestra competición mediante diversos procesos mentales que pasan completamente desapercibidos. Vamos a poner sólo un par de ejemplos de cómo la mente nos engaña:

Comparación: Una vez tengamos un exceso de confianza nos compararemos con rivales inferiores a nosotros confirmando así nuestra teoría de que “somos los mejores”. Este proceso hará que evitemos a toda costa la comparación con rivales que están a mejor nivel para evitar la angustia que esto genera. La opinión de un entorno benevolente confirma de nuevo nuestra creencia irreal. Ejemplo “Este año he quedado por delante del campeón de España de 2012″ Sin tener en cuenta que este deportista no ha rendido bien este año y que has quedado por detrás de otros cuantos deportistas con los que no te comparas.

Sobregeneralización: Mediante este proceso mental, el deportista  basándose en una experiencia de éxito en una situación muy concreta, anticipa que volverá a tener éxito en cualquier situación. Ejemplo: “Cómo hemos ganado al Barsa, podemos ganar a cualquier equipo de la liga” sin tener en cuenta que el Barsa jugó con los suplentes.

Razonamiento emocional: Se trata de pensar que por el mero hecho de estar contento ya puedes obtener un buen resultado a pesar contar con importantes limitaciones físicas o técnicas. Ejemplo: “estoy contento, hoy tengo un buen presentimiento, creo que se puede ganar” “he soñado que ganamos”. Sin tener en cuenta que pilotas una moto muy inferior a las oficiales o que arrastras una lesión que te impide estar al mejor nivel.

Estos son sólo algunos ejemplos de cómo la mente y las emociones pueden jugarnos una mala pasada incluso con algo que consideramos tan beneficioso como tener mucha confianza. Cuando la confianza en uno mismo es irreal nos impedirá entrenar al máximo nivel, nos llevaremos un choque de realidad al competir que nos causará un  shock que nos puede dejar bloqueados al constatar que lo que anticipába no se cumple, nos impedirá analizar nuestro rendimiento y hacer autocrítica… en definitiva nos tiende una trampa de la que es muy difícil salir.

Es importante conocer cómo son tus procesos mentales y emocionales para utilizarlos en tu beneficio a la hora de entrenar y competir y que no se conviertan en un factor que puede actuar al azar e influir negativamente.

La psicología deportiva se ocupa de este y de otros muchos factores. Si eres deportista en formación o de élite debes confiar tu entrenamiento mental a un psicólogo/a deportiva con la formación adecuada, que entienda el pensamiento, las emociones y la conducta de un deportista.  No dejes el factor mental olvidado ¡Entrena tu mente!

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