SENTIRSE CAPAZ, creer que puedes lograrlo

SENTIRSE CAPAZ. Esa es la diferencia entre luchar por conseguir algo o simplemente no intentarlo nunca…

A cuántos de nosotros nos hubiera venido bien unas palabras de ánimo del profesor de aquella asignatura que nos costaba tanto sacar. Un gesto de confianza del entrenador en aquel deporte en el que te sentías más torpe que los demás. Unas palabras de tus padres diciéndote que si te esfuerzas seguro que lo consigues, en vez del típico “como no dejes de ser tan vago…”

Nuestra autoconfianza, nuestro sentimiento de ser capaces de algo, se va conformando a lo largo de toda nuestra vida. Sobre todo en la niñez y juventud las personas que nos rodean son grandes responsables de que crezcamos con la sensación de “yo nunca podría hacer eso” “eso a mí se me da mal” “eso es imposible” o la sensación de “es difícil, pero si trabajo duro puede que lo logre” “si otros lo han hecho, ¿por qué no iba a hacerlo yo?”…

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Sentirse capaz y confiar en ti mismo es lo que te llevara a persistir en tus retos

Padres, entrenadores, educadores, psicólogos… todos tenemos la gran responsabilidad de transmitir a los más jóvenes la sensación de autoconfianza y de capacidad que necesitarán para afrontar todos los retos que se encontraran a lo largo de la vida. Que persigan un sueño, que trabajen por conseguir sus objetivos, que logren lo que se proponen dependerá, en parte, de lo que nosotros les transmitamos, de lo capaces que les hagamos sentir.

Las personas con una gran autoconfianza son las que se proponen retos más ambiciosos y las que persisten en ellos a pesar de las dificultades. Puede que un joven con gran autoconfianza no sea el mejor en algo, pero seguro que será el que más tarde en rendirse. Sentirse capaz determinará la cantidad de esfuerzo y persistencia que una persona le dedique a afrontar sus retos.

Como podrá imaginarse, este sentimiento de confianza en tus capacidades repercutirá muy favorablemente en la motivación y la autoestima, haciendo que afrontes cualquier desafío con un estado emocional más positivo.

Si queremos que nuestros hijos, nuestros deportistas, nuestros alumnos, sean jóvenes que se esfuercen, y que además disfruten esforzándose, tenemos que poner todo de nuestra parte para transmitirles que tras ese esfuerzo tendrán su merecida recompensa.

A veces, podemos expresar tanto intencionadamente como involuntariamente, que no confiamos que alguien consiga algo, que no creemos que se vaya a esforzar, que no creemos que tenga la habilidad suficiente. Si transmitimos esto a nuestros jóvenes, a la primera dificultad o a la primera decepción, ellos pensarán que teníamos razón, que no valen. Es como si el fracaso confirmara la teoría de incapacidad que les hemos estado transmitiendo, por lo tanto, no persistirán ni lucharan.

 

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Luis Aragonés supo transmitir a sus jugadores que ellos eran capaces de ganar

A veces, un hecho tan simple como persuadir a alguien de que podrá, puede ser el detonante para que esa persona se esfuerce más que nunca. Cuidemos las palabras que decimos cuando nuestros hijos suspenden un examen, cuidemos la manera en que corregimos a nuestros alumnos cuando no les sale bien algo, en definitiva cuidemos la autoconfianza de los más jóvenes, porque de ello dependerá que crezcan creyéndose capaces de todo o incapaces de nada.

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Para aumentar la autoconfianza de alguien no solo es necesario confiar en el, es necesario que ese alguien lo perciba

F. Javier Bonilla Rodriguez

Psicólogo deportivo

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